martes, 15 de marzo de 2011

Sócrates



Paseaba Sócrates junto a uno des sus discípulos por un mercado de Atenas, contemplaba y disfrutaba del gran despliegue de joyas, telas, perfumes, cerámicas y otros objetos de otros tipos que se exponían en los diferentes puestos. Se detuvo un momento y comentó a su compañero. «Ciertamente, no sabía que existieran tantas cosas que no necesito para nada».


 Pintura de Jean-Léon Gérôme

Sócrates Filósofo griego, emparentado con el estadista ateniense "Aristides el Justo", era hijo de Sofronisco, cantero y escultor de profesión, participaría en la construcción del Partenón y de Fainarate, partera (comadrona). Nació en Atenas en el 470  aC. 

Desde su infancia llamó la atención por su facilidad de palabra y por la agudeza en sus razonamientos.

Del 431 al 404, Sócrates participa en las guerras del Peloponeso, en las que toma parte como soldado hoplita, tal y como correspondía a un ciudadano de nivel medio. En el 429, salva a Alcibíades (estadista, orador y general ateniense) herido en el sitio de Potidea. En el 424,  participa en la batalla de Delion, en Beocia, y, en el 421, cercano ya a los 50 años, en la de Anfípolis, en Tracia; en fechas más tardías, en el 411, formaría parte  del Consejo de los Quinientos, al proceso contra los estrategas de las Arginusas y allá en el 404 desobedece la orden dada por los Treinta Tiranos de arrestar a León de Salamina.

Socrates y Jantipa por Kristian Zahrtman (Dinamarca, 1843-1917)



Se casó con Jantipa, una joven de aproximadamente treinta años menos que el y tuvieron 3 hijos, Lamprocles, Sofronisco, y Menexeno,  los cuales pasarían a ser irrelevantes en la historia, no así,  su esposa Jantipa, la cuál debido a su mal carácter hacía su esposo y su trato despectivo hacía el, pasaría a la historia como una  insolente y cruel mujer.


 Ilustración de Jantipa vaciando un orinal sobre Sócrates, de Emblemata Horatiana ilustrado por Otho Vaenius, 1607.

Sócrates no escribió ninguna obra porque decía, que cada uno debía desarrollar sus propias ideas. Sus enseñanzas las daba paseándose por la plaza pública; trabando conversación con la gente, ponía en juego la ironía, que fingiendo ignorar, interrogaba. Así como la mayéutica o arte de llevar a sus interlocutores a dar por si mismo con la verdad. En sus conversaciones, más que transmitir una verdad, instaba a sus discípulos a que indagasen por si mismo,s y que en sus reflexiones, aprendieran a buscar el camino de la investigación y de la exactitud, si es que esta ultima existiera como verdad absoluta. 


Conocemos en parte sus ideas desde los testimonios de sus discípulos: Platón, Jenofonte, Aristipo y Antístenes. Tales testimonios no son coincidentes, por lo que no resulta fácil conocer cuál fue el verdadero pensamiento de Sócrates.

Socrates y Alciabides

Las fuentes que se conocen sobre su persona lo presentan de formas diversas. según Jenofonte, Sócrates era un ser grosero, trivial y vulgar; por el contrario Platón lo ensalza en sus diálogos, reconociéndolo como su maestro, y Aristófanes lo ridiculiza en la comedia "Las nubes". 

Sócrates de Luca Giordano. Sostiene un espejo, lo que simboliza el conócete a ti mismo

Sócrates, a diferencia de los sofistas, defendió la existencia de valores absolutos, rechazando así el relativismo, pero, al igual que ellos, adoptó una actitud crítica, que , en su caso, consistía en buscar el medio para llegar al saber cierto y a la verdad. El método socrático para acceder a la verdad era el diálogo, consistente en formular preguntas acerca de los términos que estaban en discusión y confrontar las opiniones hasta llegar a una idea adecuada y válida.

Socrates y discipulos grabado según pintura de Pinelli

El no pretendió divulgar ninguna doctrina en especial,  trataba un método de clarificación cuyo primer paso era la ironía, el reconocimiento de la propia ignorancia "Solo se, que no se nada", (afirmaría insistentemente), para llegar a saber algo y así esclarecer la verdad, destruyendo todo saber que fuese sólo aparente y el segundo la mayéutica, nombre que otorgó a su propio método, por alusión al oficio de su madre, y que consistía en esclarecer las ideas en la mente de los demás, para "dar a luz" las verdaderas. Sólo así se podía acceder a los valores universales.

Sócrates y dos alumnos por Pietro della Vecchia (Italia, 1603 – 1678):


Su divisa reproducía la máxima "conócete a ti mismo", inscrita en el frontón del templo de Delfos, en la cual resumió la finalidad fundamental de los estudios filosóficos, es decir, la naturaleza de la virtud y el vicio, el modo conducente a lograr la fuerza del carácter, el dominio de sí, la justicia para con los semejantes y la piedad hacia los Dioses.

Sócrates apartando a Alcibíades del Vicio por Américo Castro (Brasil, 1843-1903)


Según Sócrates, el obrar moral responde a los mandatos que cada uno lleva en su alma, como expresión suprema de los valores morales. Sin embargo, dado que existe una gradación interna de valores, la acción moral se define por el obrar justamente, que responde a la tendencia del hombre a la perfección, y ello se consigue con el ejercicio de la virtud, sólo así se alcanza la felicidad, pues la práctica del bien es la norma que rige los intereses humanos. actuar según la virtud significa poseer la ciencia del bien y del mal, y es, por tanto, el saber lo que indica al hombre qué debe hacer en cada momento y le permite conocer el bien. Sócrates propone una moral autárquica, en la que el obrar justamente es producto de la reflexión, que todo individuo hace sobre la exigencias del alma, convirtiéndose en árbitro y juez de sí mismo. El saber es lo que permite actuar bien, y sólo se actúa mal por ignorancia, porque se desconoce la virtud, de ahí que sea necesario ejercerla a través del conocimiento racional de uno mismo (intelectualismo moral).
 Sócrates defendiéndose a sí mismo por Antonio Canova (Italia, 1757-1822)


En el año 399 con 70 años, Sócrates, que se había negado a colaborar con el régimen de los Treinta Tiranos, se vio envuelto en un juicio en plena reinstauración de la democracia bajo la doble acusación de no honrar a los dioses que honra la ciudad y corromper a la juventud. Al parecer dicha acusación, formulada por Melitos, fue instigada por Anitos, uno de los dirigentes de la democracia restaurada. 

Muerte de Sócrates (1650). Charles Alphonse Dufresnoy
Condenado a muerte por una mayoría de 60 o 65 votos, dijo: «Vosotros salís de aquí a vivir; yo, a morir; Dios sabe cuál de las dos cosas es mejor»  Se negó a marcharse voluntariamente al destierro o a aceptar la evasión que le preparaban sus amigos, afirmando que tal proceder sería contrario a las leyes de la ciudad, y a sus principios. El día fijado bebió la cicuta.

Cárcel de Sócrates (Colina de Filópapos, Atenas)



La muerte de Sócrates, por Jacques-Louis David (1787).

Fedón el discípulo más ilustre y querido de Sócrates, fue el primero en llegar al ágora de Atenas, punto de reunión de los condiscípulos para despedir en la cárcel, quien fuera en ese momento, su gran maestro, y poder estar con el en su ultimo día de vida terrenal. Uno por uno van llegando con la tristeza de saber que verán por ultima vez a su filosofo. El bueno de Apolodoro, Critóbulo y su padre el rico y generoso Critón, Hermógenes y Epígenes; el cínico Antístenes, que tanto aprenderá en ese día; Ctesipo y Menéxeno; Simias , Cebes y Fedondas, los tres tebanos; Euclides y Terpsión; megarenses ambos, el primero creador de esa escuela que sirvió de cenáculo a los socráticos en el momento de miedo y cobardía que siguió a la muerte del maestro. Todos están allí.
Lo encuentran como era ya una costumbre, sentado en el habitáculo de la prisión, pero esta vez estaba desatado pues en su ultimo día, el reo recibe atenciones especiales. Se frota las piernas, doloridas por las cadenas que ha soportado en la prisión todo el tiempo en espera de la ejecución de la sentencia.

La muerte de Sócrates por Taras Hryhorovych Shevchenko (Ucrania, 1814-1861)

Su esposa Jantipa, sentada junto a él, prorrumpe en gritos al ver entrar a cada uno de sus amigos.  ¡Ay, Sócrates, que es la última vez que habláis!, la última vez ves a tus amigos! Sócrates no puede sufrirlo más y le ruega a Critón,- que como hombre rico que era se habría hecho acompañar de sus esclavos-, que se llevasen a la infeliz Jantipa, la cual tenía: nos dice Platón, a su hijo más pequeño en brazos.

Sócrates se incorporó en su asiento, apoyó los pies en el suelo y mirando con estima y afectividad a sus discípulos empieza su acostumbrada conversación.



La muerte de Sócrates por Jacques-Philip-Joseph de Saint-Quentin (Francia, 1737-?)

Es probablemente el Sócrates histórico, el que en nombre de la religión tradicional se opone al misterio que dice que el cuerpo es una cárcel o tumba del alma y que lo mejor que podemos hacer es huir de ella y buscar la verdadera resurrección y libertad. Lo Dioses - dice - son nuestros amos; nosotros somos tan suyos como si fuéramos su rebaño y ellos nuestros pastores. No podemos, pues, disponer de nosotros mismos ni hacernos daño.
Sus discípulos no comprenden todavía bien las dos cosas: si la muerte es deseable, ¿por qué no- buscarla? si no lo es, ¿cómo se explica la serenidad ante ella?

Salvator Rosa (Italia, 1615-1673)
 
Sócrates se exalta. Critón le dice de parte del verdugo que no se excite en la conversación pues si se acalora, el veneno tardará más en hacer efecto. «No le hagáis caso -dice Sócrates-, que se ocupe de su menester y que prepare lo que haga falta, aunque sea ración doble y aún triple »

No es precisamente con base en creencias con lo que Sócrates corre hacia la muerte, sino privado por el cultivo de la filosofía del instinto que se agarra a la vida. «Los que cultivan bien la filosofía -dice- , los demás no se dan cuenta de que lo único que cultivan es la muerte.»
Cuando le preguntan acerca del entierro, Sócrates dice una frase alada como una flecha: «Como queráis, que no me escaparé de vuestras manos.» Los discípulos sienten crecer su asombro. Sócrates habla de sus funerales con una calma y una naturalidad que están bien lejanas de los lamentos de los héroes homéricos.


Foto: A.S.Rochmilovic - La Muerte de Sócrates por Mark Matveevich Antokolski (Rusia, 1843-1902)
SÓCRATES:-¿Es cierto que jamás se pueden cometer injusticias? ¿O es permitido cometerlas en unas ocasiones y en otras no? ¿O bien, es absolutamente cierto que la injusticia jamás es permitida, como muchas veces hemos convenido y ahora mismo acabamos de convenir? ¿Y todos estos juicios, con los que estamos de acuerdo, se han desvanecido en tan pocos días? ¿Sería posible, Critón, que en nuestros años, las conversaciones más serias se hayan hecho semejantes a las de los niños, sin que nos hayamos dado cuenta de ello? ¿O más bien, es preciso atenernos estrictamente a lo que hemos dicho: que toda injusticia es vergonzosa y funesta al que la comete, digan lo que quieran los hombres, y sea bien o sea mal el que resulte?
CRITÓN: Estamos conformes.
SÓCRATES: ¿Es preciso no cometer injusticia de ninguna manera?
CRITÓN: Sí, sin duda.
SÓCRATES: ¿Entonces es preciso no hacer injusticia a los mismos que nos la hacen, aunque el vulgo crea que esto es permitido, puesto que convienes en que en ningún caso puede tener lugar la injusticia?
CRITÓN: Así me lo parece.
SÓCRATES: ¡Pero qué! ¿Es permitido hacer mal a alguno o no lo es?
CRITÓN: No, sin duda, Sócrates.
SÓCRATES: ¿Pero es justo volver el mal por el mal, como lo quiere el pueblo, o es injusto?
CRITÓN: Muy injusto.
SÓCRATES: ¿Es cierto que no hay diferencia entre hacer el mal y ser injusto?
CRITÓN: Lo confieso.
SÓCRATES: Es preciso, por consiguiente, no hacer jamás injusticia, ni volver el mal por el mal, cualquiera que haya sido el que hayamos recibido. Pero ten presente, Critón, que confesando esto, acaso hables contra tu propio juicio, porque sé muy bien que hay pocas personas que lo admiten, y siempre sucederá lo mismo. Desde el momento en que están discordes sobre este punto, es imposible entenderse sobre lo demás, y la diferencia de opiniones conduce necesariamente a un desprecio recíproco. Reflexiona bien, y mira si realmente estás de acuerdo conmigo, y si podemos discutir, partiendo de este principio: que en ninguna circunstancia es permitido ser injusto, ni volver injusticia por injusticia, mal por mal;

Platón: Critón

La muerte de Sócrates por Daniel Hernández Morillo, (Perú, 1856 - 1932):

SÓCRATES: A mí me llama ya ahora el destino, diría un héroe de tragedia, y casi es la hora de encaminarme al baño, pues me parece mejor beber el veneno una vez lavado y no causar a las mujeres la molestia de lavar un cadáver.
CRITÓN: Está bien, Sócrates. Pero ¿qué nos encargas hacer a éstos o a mí, bien con respecto a tus hijos o con respecto a cualquier otra cosa, que pudiera ser más de tu agrado si lo hiciéramos?
SÓCRATES: Lo que siempre estoy diciendo, Critón , nada nuevo. Si os cuidáis de vosotros mismos, cualquier cosa que hagáis no sólo será de mi agrado, sino también del agrado de los míos y del propio vuestro, aunque ahora no lo reconozcáis. En cambio, si os descuidáis de vosotros mismos y no queréis vivir siguiendo, por decirlo así, las huellas de lo que ahora y en el pasado se ha dicho, por más que ahora hagáis muchas vehementes promesas, no conseguiréis nada.
CRITÓN: Descuida, que pondremos nuestro empeño en hacerlo así. Pero ¿de qué manera debemos sepultarte?
SÓCRATES: Como queráis, si es que me cogéis y no me escapo de vosotros.
Y, a la vez que sonreía serenamente, nos dijo, dirigiendo su mirada hacia nosotros:
—No logro, amigos, convencer a Critón de que yo soy ese Sócrates que conversa ahora con vosotros y que ordena cada cosa que se dice, sino que cree que soy aquel que verá cadáver dentro de un rato, y me pregunta por eso cómo debe hacer mi sepelio. Y el que yo desde hace rato esté dando muchas razones para probar que, en cuanto beba el veneno, ya no permaneceré con vosotros, sino que me iré hacia una felicidad propia de bienaventurados, parécele vano empeño y que lo hago para consolaros a vosotros al tiempo que a mí mismo. Así que —agregó—, salidme fiadores ante Critón, pero de la fianza contraria a la que éste presentó ante los jueces. Pues éste garantizó que yo permanecería. Vosotros garantizad que no permaneceré una vez que muera, sino que me marcharé para que así Critón lo soporte mejor y, al ver quemar o enterrar mi cuerpo, no se irrite como si yo estuviera padeciendo cosas terribles, ni diga durante el funeral que expone, lleva a enterrar o está enterrando a Sócrates. Pues ten bien sabido, oh excelente Critón —añadió—, que el no hablar con propiedad no sólo es una falta en eso mismo, sino también produce mal en las almas. Ea, pues, es preciso que estés animoso, y que digas que es mi cuerpo lo que sepultas, y que lo sepultas como a ti te guste y pienses que está más de acuerdo con las costumbres.

Sócrates por Luca Giordano

Al terminar de decir esto, se levantó y se fue a una habitación para lavarse. Critón le siguió, pero a nosotros nos mandó que le esperáramos allí. Esperamos, pues, charlando entre nosotros sobre lo dicho y volviéndolo a considerar, a ratos, también comentando cuán grande era la desgracia que nos había acontecido, pues pensábamos que íbamos a pasar el resto de la vida huérfanos, como si hubiéramos sido privados de nuestro padre. Y una vez que se hubo lavado y trajeron a su lado a sus hijos —pues tenía dos pequeños y uno ya crecido— y llegaron también las mujeres de su familia, conversó con ellos en presencia de Critón y, después de hacerles las recomendaciones que quiso, ordenó retirarse a las mujeres y a los niños, y vino a reunirse con nosotros. El sol estaba ya cerca de su ocaso, pues había pasado mucho tiempo dentro. Llegó recién lavado, se sentó, y después de esto no se habló mucho. Vino el servidor de los Once y, deteniéndose a su lado, le dijo:
—Oh Sócrates, no te censuraré a ti lo que censuro a los demás, el que se irritan contra mí y me maldicen cuando les transmito la orden de beber el veneno que me dan los magistrados. Pero tú, lo he reconocido en otras ocasiones durante todo este tiempo, eres el hombre más noble, de mayor mansedumbre y mejor de los que han llegado aquí, y ahora también sé que no estás enojado conmigo, sino con los que sabes que son los culpables. Así que ahora, puesto que conoces el mensaje que te traigo, salud, e intenta soportar con la mayor resignación lo necesario. Y rompiendo a llorar, diose la vuelta y se retiró.
Sócrates, entonces, levantando su mirada hacia él, y le dijo:
—También tú recibe mi saludo, que nosotros así lo haremos.
Y, dirigiéndose después a nosotros, agregó:
—¡Qué hombre tan amable! Durante todo el tiempo que he pasado aquí vino a verme, charló de vez en cuando conmigo y fue el mejor de los hombres. Y ahora ¡qué noblemente me llora! Así que, hagámosle caso, Critón, y que traiga alguno el veneno, si es que está triturado. Y si no, que lo triture nuestro hombre.
—Pero, Sócrates —le dijo Critón—, el sol, según creo, está todavía sobre las montañas y aún no se ha puesto. Y me consta, además, que ha habido otros que lo han tomado mucho después de haberles sido comunicada la orden y tras haber comido y bebido a placer, y algunos, incluso, tras haber tenido contacto con aquellos que deseaban. Ea, pues, no te apresures, que todavía hay tiempo.
—Es natural que obren así, Critón —repuso Sócrates—, ésos que tú dices, pues creen sacar provecho al hacer eso. Pero también es natural que yo no lo haga, porque no creo que saque otro provecho, al beberlo un poco después, que el de incurrir en ridículo conmigo mismo, mostrándome ansioso y avaro de la vida cuando ya no me queda ni una brizna. Anda, obedéceme —terminó— y haz como te digo.
Al oírle, Critón hizo una señal con la cabeza a un esclavo que estaba a su lado. Salió éste y, después de un largo rato, regresó con el que debía darle el veneno, que traía triturado en una copa. Al verle, Sócrates le preguntó:
—Y bien, buen hombre, tú que entiendes de estas cosas, ¿qué debo hacer?
—Nada más que beberlo y pasearte —le respondió— hasta que se te pongan las piernas pesadas, y luego tumbarte. Así hará su efecto.
Y, a la vez que dijo esto, tendió la copa a Sócrates.
La tomo éste con gran tranquilidad, sin el más leve temblor y sin alterarse en lo más mínimo ni en su color ni en su semblante, miró al individuo de frente, según tenía por costumbre, y le dijo:
—¿Qué dices de esta bebida con respecto a hacer una libación a alguna divinidad? ¿Se puede o no?
—Tan sólo trituramos, Sócrates —le respondió—, la cantidad que juzgamos precisa para beber.
—Me doy cuenta —contestó—. Pero al menos es posible, y también se debe, suplicar a los dioses que resulte feliz mi emigración de aquí a allá. Esto es lo que suplico: ¡que así sea!
Y después de decir estas palabras, lo bebió, conteniendo la respiración, sin repugnancia y sin dificultad.
Hasta este momento la mayor parte de nosotros fue bastante capaz de contener el llanto; pero cuando le vimos beber y cómo lo había bebido, ya no pudimos contenernos. A mí también, y contra mi voluntad, caíanme las lágrimas a raudales, de tal manera que, cubriéndome el rostro, lloré por mí mismo, pues ciertamente no era por aquél por quien lloraba, sino por mi propia desventura, al haber sido privado de tal amigo. Critón, como aun antes que yo no había sido capaz de contener las lágrimas, se había levantado. Y Apolodoro, que ya con anterioridad no había cesado un momento de llorar, rompió a gemir entonces, entre lágrimas y demostraciones de indignación, de tal forma que no hubo nadie de los presentes, con excepción del propio Sócrates, a quien no conmoviera.
Pero entonces nos dijo:
—¿Qué hacéis, hombres extraños? Si mandé afuera a las mujeres fue por esto en especial, para que no importunasen de ese modo, pues tengo oído que se debe morir entre palabras de buen augurio. Ea, pues, estad tranquilos y mostraos fuertes.
Y, al oírle nosotros, sentimos vergüenza y contuvimos el llanto. Él, por su parte, después de haberse paseado, cuando dijo que se le ponían pesadas las piernas, se acostó boca arriba, pues así se lo había aconsejado el hombre. Al mismo tiempo, el que le había dado el veneno le cogió los pies y las piernas y se los observaba a intervalos. Luego, le apretó fuertemente el pie y le preguntó si lo sentía. Sócrates dijo que no. A continuación hizo lo mismo con las piernas y, yendo subiendo de este modo, nos mostró que se iba enfriando y quedándose rígido. Y siguiole tocando y nos dijo que cuando le llegara al corazón se moriría.
Tenía ya casi fría la región del vientre cuando, descubriendo su rostro —pues se lo había cubierto—, dijo éstas, que fueron sus últimas palabras:
—Oh, Critón, debemos un gallo a Asclepio. Pagad la deuda y no la paséis por alto.
—Descuida, que así se hará —le respondió Critón—. Mira si tienes que decir algo más.
A esta pregunta de Critón ya no contestó, sino que, al cabo de un rato, tuvo un estremecimiento y el hombre le descubrió: tenía la mirada inmóvil. Al verlo, Critón le cerró la boca y los ojos.
Así fue el fin de nuestro amigo, de un varón que, como podríamos afirmar, fue el mejor, a más de ser el más sensato y justo de los hombres de su tiempo que tratamos.
Platón: Fedón


La muerte de Sócrates por Giambettino Cignaroli (Italia, 1718–1770):

La muerte de Sócrates - Antonio Canova (Italia, 1757-1822)


Cárcel de Sócrates (Colina de Filópapos, Atenas)






Fuentes:
Enciclopedias y otros.

17 comentarios:

  1. Exhaustivo artículo sobre un gran pensador. El intelectualismo moral del que hablas siguió aceptado por escuelas posteriores. Platón, por ejemplo, lo aceptada cuando relaciona la culpa con la ignorancia. Un saludo.

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  2. Que buen trabajo Julia, siempre es un gusto leerte y conocer de tantas cosas interesantes, y que que han influido tanto en nuestra historia, como el pensamiento de los filósofos griegos.
    Un abrazo.

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  3. Maravillosa y, a un tiempo, dramática entrada. Como estoico que me considero en cierto modo y, en consecuencia, admirador de las enseñanzas de Sócrates, con cuyo nombre bauticé no en vano a uno de mis más queridos perros -uno que, salvando las distancias, por desgracia asimismo nos dejó hace unos tres años de un modo parecido, de un modo repentino y cruel-, te felicito por esta lección de filosofía, de historia y de arte que acabo de recibir de tu mano... Gracias por compartirla y, cómo no, por descubrirme tus, textualmente, deliciosos espacios..., así como por las amables y, con certeza, inmerecidas palabras que has dedicado al mío. Recibe un cálido abrazo.

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  4. Que buen articulo.
    Te doy el enlace del blog de mi hermana,por si te quieres pasar, a lo mejor te gusta.
    htpp://debohemia.blospot.com
    Un beso,Mily.

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  5. Una reseña biográfica con algo más, pues hay citas, trechos y todo lo que uno podría querer saber de Sócrates, más allá de las frases típicas que dice la gente sin saber de dónde han salido.
    Un respeto inmenso por tu blog.
    Humberto.

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  6. Hola Julia, tu blog es interesantisimo, tratas los temas como mucha seriedad. Es una gran fuente de informacion y educativo.
    Que benigno era Socrates creia que solo se actua mal por ignorancia. Un tierno ;)
    Un abrazo.

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  7. QUE BUEN BLOG.
    TE FELICITO POR LA INVESTIGACIÓN.

    YO TAMBIÉN TENGO UN BLOG SOBRE MUJERES CÉLEBRES DE TODOS LOS TIEMPOS.

    TE INVITO A VISITARLO. QUIZÁ TE GUSTE...

    lujanfraixretratos.blogspot.com

    UN BESO

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  8. GRACIAS POR HABER VISITADOS MIS BLOGS.

    ERES BIENVENIDA!!!

    ME ENCANTA TU IDEA DE ESCRIBIR SOBRE HISTORIA, SIEMPRE ME HA APASIONADO, DESPUÉS DE LA LITERATURA POR SUPUESTO.

    YO ESTUDIÉ PROFESORADO DE LITERATURA, LENGUA CASTELLANA Y LATIN.

    UN BESITO

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  9. Cada ´día aprendemos algo nuevo contigo gracias por proporcinarnos tanta información sobre diferentes temas. Socrates que gran filosofo sus enseñanzas son unicas

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  10. Felicidades por el artículo, me ha parecido realmente interesante. Por cierto, la primera foto de la cárcel de Sòcrates no pertenece a Alcibiades, sino que es de Alpasoes. La foto original está en: http://horadada.biz/atenas-peloponeso.html
    Ahí podrás encontrarla con más resolución.

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    1. Muchísimas gracias por tu correo y las imagenes tan maravillosas que compartes con todos nosotros!!

      Lamento muchísimo el haberme despistado en su dia y no haber mencionado "Alpasoes". En ningún momento fué mi intención.
      Recibe mis más sinceras disculpas y bueno, como dice el refrán, "Nunca es tarde si la dicha es buena" o "más vale tarde que nunca" y ahí esta.

      He corregido y he puesto el enlace por lo que reitero mi agradecimiento y tu gran generosidad.

      Un saludo y hasta siempre!!

      Julia

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  11. Esta muy ilustrativo tu articulo felicidades

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  12. ¡Hermoso artículo Julia! Tenía intención de escribir un blog sobre los filósofos que me gustan, con sus biografías y fragmentos de sus obras, pero en este caso, tú ya lo haz hecho. Me encantó tu versión de la biografía de Sócrates! ¡Gracias!

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  13. Me gusto en la forma como esta expresado al gran filosofo sõcrates

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  14. Socrates como te admiro tanto! Buen articulo... Lo mas mas interesante que me parece de socrate es que nos enseña a que cada uno de nosotros debemos tener nuestras propias ideas, ser original en nuestra filosofía de vida, porque muchas veces agarramos ideas ya establecidas de otras personas y las hacemos propias en nosotros! Tenemos que pensar, razonar y meditar para crear nuestras propias ideas, así como lo enseñaba Socrates.

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  15. Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios!!

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  16. me gustó mucha esta publicación, abrazos enormes.

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