martes, 15 de marzo de 2011

Sócrates



Paseaba Sócrates junto a uno des sus discípulos por un mercado de Atenas, contemplaba y disfrutaba del gran despliegue de joyas, telas, perfumes, cerámicas y otros objetos de otros tipos que se exponían en los diferentes puestos. Se detuvo un momento y comentó a su compañero. «Ciertamente, no sabía que existieran tantas cosas que no necesito para nada».


 Pintura de Jean-Léon Gérôme

Sócrates Filósofo griego, emparentado con el estadista ateniense "Aristides el Justo", era hijo de Sofronisco, cantero y escultor de profesión, participaría en la construcción del Partenón y de Fainarate, partera (comadrona). Nació en Atenas en el 470  aC. 

Desde su infancia llamó la atención por su facilidad de palabra y por la agudeza en sus razonamientos.

Del 431 al 404, Sócrates participa en las guerras del Peloponeso, en las que toma parte como soldado hoplita, tal y como correspondía a un ciudadano de nivel medio. En el 429, salva a Alcibíades (estadista, orador y general ateniense) herido en el sitio de Potidea. En el 424,  participa en la batalla de Delion, en Beocia, y, en el 421, cercano ya a los 50 años, en la de Anfípolis, en Tracia; en fechas más tardías, en el 411, formaría parte  del Consejo de los Quinientos, al proceso contra los estrategas de las Arginusas y allá en el 404 desobedece la orden dada por los Treinta Tiranos de arrestar a León de Salamina.

Socrates y Jantipa por Kristian Zahrtman (Dinamarca, 1843-1917)



Se casó con Jantipa, una joven de aproximadamente treinta años menos que el y tuvieron 3 hijos, Lamprocles, Sofronisco, y Menexeno,  los cuales pasarían a ser irrelevantes en la historia, no así,  su esposa Jantipa, la cuál debido a su mal carácter hacía su esposo y su trato despectivo hacía el, pasaría a la historia como una  insolente y cruel mujer.


 Ilustración de Jantipa vaciando un orinal sobre Sócrates, de Emblemata Horatiana ilustrado por Otho Vaenius, 1607.

Sócrates no escribió ninguna obra porque decía, que cada uno debía desarrollar sus propias ideas. Sus enseñanzas las daba paseándose por la plaza pública; trabando conversación con la gente, ponía en juego la ironía, que fingiendo ignorar, interrogaba. Así como la mayéutica o arte de llevar a sus interlocutores a dar por si mismo con la verdad. En sus conversaciones, más que transmitir una verdad, instaba a sus discípulos a que indagasen por si mismo,s y que en sus reflexiones, aprendieran a buscar el camino de la investigación y de la exactitud, si es que esta ultima existiera como verdad absoluta. 


Conocemos en parte sus ideas desde los testimonios de sus discípulos: Platón, Jenofonte, Aristipo y Antístenes. Tales testimonios no son coincidentes, por lo que no resulta fácil conocer cuál fue el verdadero pensamiento de Sócrates.

Socrates y Alciabides

Las fuentes que se conocen sobre su persona lo presentan de formas diversas. según Jenofonte, Sócrates era un ser grosero, trivial y vulgar; por el contrario Platón lo ensalza en sus diálogos, reconociéndolo como su maestro, y Aristófanes lo ridiculiza en la comedia "Las nubes". 

Sócrates de Luca Giordano. Sostiene un espejo, lo que simboliza el conócete a ti mismo

Sócrates, a diferencia de los sofistas, defendió la existencia de valores absolutos, rechazando así el relativismo, pero, al igual que ellos, adoptó una actitud crítica, que , en su caso, consistía en buscar el medio para llegar al saber cierto y a la verdad. El método socrático para acceder a la verdad era el diálogo, consistente en formular preguntas acerca de los términos que estaban en discusión y confrontar las opiniones hasta llegar a una idea adecuada y válida.

Socrates y discipulos grabado según pintura de Pinelli

El no pretendió divulgar ninguna doctrina en especial,  trataba un método de clarificación cuyo primer paso era la ironía, el reconocimiento de la propia ignorancia "Solo se, que no se nada", (afirmaría insistentemente), para llegar a saber algo y así esclarecer la verdad, destruyendo todo saber que fuese sólo aparente y el segundo la mayéutica, nombre que otorgó a su propio método, por alusión al oficio de su madre, y que consistía en esclarecer las ideas en la mente de los demás, para "dar a luz" las verdaderas. Sólo así se podía acceder a los valores universales.

Sócrates y dos alumnos por Pietro della Vecchia (Italia, 1603 – 1678):


Su divisa reproducía la máxima "conócete a ti mismo", inscrita en el frontón del templo de Delfos, en la cual resumió la finalidad fundamental de los estudios filosóficos, es decir, la naturaleza de la virtud y el vicio, el modo conducente a lograr la fuerza del carácter, el dominio de sí, la justicia para con los semejantes y la piedad hacia los Dioses.

Sócrates apartando a Alcibíades del Vicio por Américo Castro (Brasil, 1843-1903)


Según Sócrates, el obrar moral responde a los mandatos que cada uno lleva en su alma, como expresión suprema de los valores morales. Sin embargo, dado que existe una gradación interna de valores, la acción moral se define por el obrar justamente, que responde a la tendencia del hombre a la perfección, y ello se consigue con el ejercicio de la virtud, sólo así se alcanza la felicidad, pues la práctica del bien es la norma que rige los intereses humanos. actuar según la virtud significa poseer la ciencia del bien y del mal, y es, por tanto, el saber lo que indica al hombre qué debe hacer en cada momento y le permite conocer el bien. Sócrates propone una moral autárquica, en la que el obrar justamente es producto de la reflexión, que todo individuo hace sobre la exigencias del alma, convirtiéndose en árbitro y juez de sí mismo. El saber es lo que permite actuar bien, y sólo se actúa mal por ignorancia, porque se desconoce la virtud, de ahí que sea necesario ejercerla a través del conocimiento racional de uno mismo (intelectualismo moral).
 Sócrates defendiéndose a sí mismo por Antonio Canova (Italia, 1757-1822)


En el año 399 con 70 años, Sócrates, que se había negado a colaborar con el régimen de los Treinta Tiranos, se vio envuelto en un juicio en plena reinstauración de la democracia bajo la doble acusación de no honrar a los dioses que honra la ciudad y corromper a la juventud. Al parecer dicha acusación, formulada por Melitos, fue instigada por Anitos, uno de los dirigentes de la democracia restaurada. 

Muerte de Sócrates (1650). Charles Alphonse Dufresnoy
Condenado a muerte por una mayoría de 60 o 65 votos, dijo: «Vosotros salís de aquí a vivir; yo, a morir; Dios sabe cuál de las dos cosas es mejor»  Se negó a marcharse voluntariamente al destierro o a aceptar la evasión que le preparaban sus amigos, afirmando que tal proceder sería contrario a las leyes de la ciudad, y a sus principios. El día fijado bebió la cicuta.

Cárcel de Sócrates (Colina de Filópapos, Atenas)



La muerte de Sócrates, por Jacques-Louis David (1787).

Fedón el discípulo más ilustre y querido de Sócrates, fue el primero en llegar al ágora de Atenas, punto de reunión de los condiscípulos para despedir en la cárcel, quien fuera en ese momento, su gran maestro, y poder estar con el en su ultimo día de vida terrenal. Uno por uno van llegando con la tristeza de saber que verán por ultima vez a su filosofo. El bueno de Apolodoro, Critóbulo y su padre el rico y generoso Critón, Hermógenes y Epígenes; el cínico Antístenes, que tanto aprenderá en ese día; Ctesipo y Menéxeno; Simias , Cebes y Fedondas, los tres tebanos; Euclides y Terpsión; megarenses ambos, el primero creador de esa escuela que sirvió de cenáculo a los socráticos en el momento de miedo y cobardía que siguió a la muerte del maestro. Todos están allí.
Lo encuentran como era ya una costumbre, sentado en el habitáculo de la prisión, pero esta vez estaba desatado pues en su ultimo día, el reo recibe atenciones especiales. Se frota las piernas, doloridas por las cadenas que ha soportado en la prisión todo el tiempo en espera de la ejecución de la sentencia.

La muerte de Sócrates por Taras Hryhorovych Shevchenko (Ucrania, 1814-1861)

Su esposa Jantipa, sentada junto a él, prorrumpe en gritos al ver entrar a cada uno de sus amigos.  ¡Ay, Sócrates, que es la última vez que habláis!, la última vez ves a tus amigos! Sócrates no puede sufrirlo más y le ruega a Critón,- que como hombre rico que era se habría hecho acompañar de sus esclavos-, que se llevasen a la infeliz Jantipa, la cual tenía: nos dice Platón, a su hijo más pequeño en brazos.

Sócrates se incorporó en su asiento, apoyó los pies en el suelo y mirando con estima y afectividad a sus discípulos empieza su acostumbrada conversación.



La muerte de Sócrates por Jacques-Philip-Joseph de Saint-Quentin (Francia, 1737-?)

Es probablemente el Sócrates histórico, el que en nombre de la religión tradicional se opone al misterio que dice que el cuerpo es una cárcel o tumba del alma y que lo mejor que podemos hacer es huir de ella y buscar la verdadera resurrección y libertad. Lo Dioses - dice - son nuestros amos; nosotros somos tan suyos como si fuéramos su rebaño y ellos nuestros pastores. No podemos, pues, disponer de nosotros mismos ni hacernos daño.
Sus discípulos no comprenden todavía bien las dos cosas: si la muerte es deseable, ¿por qué no- buscarla? si no lo es, ¿cómo se explica la serenidad ante ella?

Salvator Rosa (Italia, 1615-1673)
 
Sócrates se exalta. Critón le dice de parte del verdugo que no se excite en la conversación pues si se acalora, el veneno tardará más en hacer efecto. «No le hagáis caso -dice Sócrates-, que se ocupe de su menester y que prepare lo que haga falta, aunque sea ración doble y aún triple »

No es precisamente con base en creencias con lo que Sócrates corre hacia la muerte, sino privado por el cultivo de la filosofía del instinto que se agarra a la vida. «Los que cultivan bien la filosofía -dice- , los demás no se dan cuenta de que lo único que cultivan es la muerte.»
Cuando le preguntan acerca del entierro, Sócrates dice una frase alada como una flecha: «Como queráis, que no me escaparé de vuestras manos.» Los discípulos sienten crecer su asombro. Sócrates habla de sus funerales con una calma y una naturalidad que están bien lejanas de los lamentos de los héroes homéricos.


Foto: A.S.Rochmilovic - La Muerte de Sócrates por Mark Matveevich Antokolski (Rusia, 1843-1902)
SÓCRATES:-¿Es cierto que jamás se pueden cometer injusticias? ¿O es permitido cometerlas en unas ocasiones y en otras no? ¿O bien, es absolutamente cierto que la injusticia jamás es permitida, como muchas veces hemos convenido y ahora mismo acabamos de convenir? ¿Y todos estos juicios, con los que estamos de acuerdo, se han desvanecido en tan pocos días? ¿Sería posible, Critón, que en nuestros años, las conversaciones más serias se hayan hecho semejantes a las de los niños, sin que nos hayamos dado cuenta de ello? ¿O más bien, es preciso atenernos estrictamente a lo que hemos dicho: que toda injusticia es vergonzosa y funesta al que la comete, digan lo que quieran los hombres, y sea bien o sea mal el que resulte?
CRITÓN: Estamos conformes.
SÓCRATES: ¿Es preciso no cometer injusticia de ninguna manera?
CRITÓN: Sí, sin duda.
SÓCRATES: ¿Entonces es preciso no hacer injusticia a los mismos que nos la hacen, aunque el vulgo crea que esto es permitido, puesto que convienes en que en ningún caso puede tener lugar la injusticia?
CRITÓN: Así me lo parece.
SÓCRATES: ¡Pero qué! ¿Es permitido hacer mal a alguno o no lo es?
CRITÓN: No, sin duda, Sócrates.
SÓCRATES: ¿Pero es justo volver el mal por el mal, como lo quiere el pueblo, o es injusto?
CRITÓN: Muy injusto.
SÓCRATES: ¿Es cierto que no hay diferencia entre hacer el mal y ser injusto?
CRITÓN: Lo confieso.
SÓCRATES: Es preciso, por consiguiente, no hacer jamás injusticia, ni volver el mal por el mal, cualquiera que haya sido el que hayamos recibido. Pero ten presente, Critón, que confesando esto, acaso hables contra tu propio juicio, porque sé muy bien que hay pocas personas que lo admiten, y siempre sucederá lo mismo. Desde el momento en que están discordes sobre este punto, es imposible entenderse sobre lo demás, y la diferencia de opiniones conduce necesariamente a un desprecio recíproco. Reflexiona bien, y mira si realmente estás de acuerdo conmigo, y si podemos discutir, partiendo de este principio: que en ninguna circunstancia es permitido ser injusto, ni volver injusticia por injusticia, mal por mal;

Platón: Critón

La muerte de Sócrates por Daniel Hernández Morillo, (Perú, 1856 - 1932):

SÓCRATES: A mí me llama ya ahora el destino, diría un héroe de tragedia, y casi es la hora de encaminarme al baño, pues me parece mejor beber el veneno una vez lavado y no causar a las mujeres la molestia de lavar un cadáver.
CRITÓN: Está bien, Sócrates. Pero ¿qué nos encargas hacer a éstos o a mí, bien con respecto a tus hijos o con respecto a cualquier otra cosa, que pudiera ser más de tu agrado si lo hiciéramos?
SÓCRATES: Lo que siempre estoy diciendo, Critón , nada nuevo. Si os cuidáis de vosotros mismos, cualquier cosa que hagáis no sólo será de mi agrado, sino también del agrado de los míos y del propio vuestro, aunque ahora no lo reconozcáis. En cambio, si os descuidáis de vosotros mismos y no queréis vivir siguiendo, por decirlo así, las huellas de lo que ahora y en el pasado se ha dicho, por más que ahora hagáis muchas vehementes promesas, no conseguiréis nada.
CRITÓN: Descuida, que pondremos nuestro empeño en hacerlo así. Pero ¿de qué manera debemos sepultarte?
SÓCRATES: Como queráis, si es que me cogéis y no me escapo de vosotros.
Y, a la vez que sonreía serenamente, nos dijo, dirigiendo su mirada hacia nosotros:
—No logro, amigos, convencer a Critón de que yo soy ese Sócrates que conversa ahora con vosotros y que ordena cada cosa que se dice, sino que cree que soy aquel que verá cadáver dentro de un rato, y me pregunta por eso cómo debe hacer mi sepelio. Y el que yo desde hace rato esté dando muchas razones para probar que, en cuanto beba el veneno, ya no permaneceré con vosotros, sino que me iré hacia una felicidad propia de bienaventurados, parécele vano empeño y que lo hago para consolaros a vosotros al tiempo que a mí mismo. Así que —agregó—, salidme fiadores ante Critón, pero de la fianza contraria a la que éste presentó ante los jueces. Pues éste garantizó que yo permanecería. Vosotros garantizad que no permaneceré una vez que muera, sino que me marcharé para que así Critón lo soporte mejor y, al ver quemar o enterrar mi cuerpo, no se irrite como si yo estuviera padeciendo cosas terribles, ni diga durante el funeral que expone, lleva a enterrar o está enterrando a Sócrates. Pues ten bien sabido, oh excelente Critón —añadió—, que el no hablar con propiedad no sólo es una falta en eso mismo, sino también produce mal en las almas. Ea, pues, es preciso que estés animoso, y que digas que es mi cuerpo lo que sepultas, y que lo sepultas como a ti te guste y pienses que está más de acuerdo con las costumbres.

Sócrates por Luca Giordano

Al terminar de decir esto, se levantó y se fue a una habitación para lavarse. Critón le siguió, pero a nosotros nos mandó que le esperáramos allí. Esperamos, pues, charlando entre nosotros sobre lo dicho y volviéndolo a considerar, a ratos, también comentando cuán grande era la desgracia que nos había acontecido, pues pensábamos que íbamos a pasar el resto de la vida huérfanos, como si hubiéramos sido privados de nuestro padre. Y una vez que se hubo lavado y trajeron a su lado a sus hijos —pues tenía dos pequeños y uno ya crecido— y llegaron también las mujeres de su familia, conversó con ellos en presencia de Critón y, después de hacerles las recomendaciones que quiso, ordenó retirarse a las mujeres y a los niños, y vino a reunirse con nosotros. El sol estaba ya cerca de su ocaso, pues había pasado mucho tiempo dentro. Llegó recién lavado, se sentó, y después de esto no se habló mucho. Vino el servidor de los Once y, deteniéndose a su lado, le dijo:
—Oh Sócrates, no te censuraré a ti lo que censuro a los demás, el que se irritan contra mí y me maldicen cuando les transmito la orden de beber el veneno que me dan los magistrados. Pero tú, lo he reconocido en otras ocasiones durante todo este tiempo, eres el hombre más noble, de mayor mansedumbre y mejor de los que han llegado aquí, y ahora también sé que no estás enojado conmigo, sino con los que sabes que son los culpables. Así que ahora, puesto que conoces el mensaje que te traigo, salud, e intenta soportar con la mayor resignación lo necesario. Y rompiendo a llorar, diose la vuelta y se retiró.
Sócrates, entonces, levantando su mirada hacia él, y le dijo:
—También tú recibe mi saludo, que nosotros así lo haremos.
Y, dirigiéndose después a nosotros, agregó:
—¡Qué hombre tan amable! Durante todo el tiempo que he pasado aquí vino a verme, charló de vez en cuando conmigo y fue el mejor de los hombres. Y ahora ¡qué noblemente me llora! Así que, hagámosle caso, Critón, y que traiga alguno el veneno, si es que está triturado. Y si no, que lo triture nuestro hombre.
—Pero, Sócrates —le dijo Critón—, el sol, según creo, está todavía sobre las montañas y aún no se ha puesto. Y me consta, además, que ha habido otros que lo han tomado mucho después de haberles sido comunicada la orden y tras haber comido y bebido a placer, y algunos, incluso, tras haber tenido contacto con aquellos que deseaban. Ea, pues, no te apresures, que todavía hay tiempo.
—Es natural que obren así, Critón —repuso Sócrates—, ésos que tú dices, pues creen sacar provecho al hacer eso. Pero también es natural que yo no lo haga, porque no creo que saque otro provecho, al beberlo un poco después, que el de incurrir en ridículo conmigo mismo, mostrándome ansioso y avaro de la vida cuando ya no me queda ni una brizna. Anda, obedéceme —terminó— y haz como te digo.
Al oírle, Critón hizo una señal con la cabeza a un esclavo que estaba a su lado. Salió éste y, después de un largo rato, regresó con el que debía darle el veneno, que traía triturado en una copa. Al verle, Sócrates le preguntó:
—Y bien, buen hombre, tú que entiendes de estas cosas, ¿qué debo hacer?
—Nada más que beberlo y pasearte —le respondió— hasta que se te pongan las piernas pesadas, y luego tumbarte. Así hará su efecto.
Y, a la vez que dijo esto, tendió la copa a Sócrates.
La tomo éste con gran tranquilidad, sin el más leve temblor y sin alterarse en lo más mínimo ni en su color ni en su semblante, miró al individuo de frente, según tenía por costumbre, y le dijo:
—¿Qué dices de esta bebida con respecto a hacer una libación a alguna divinidad? ¿Se puede o no?
—Tan sólo trituramos, Sócrates —le respondió—, la cantidad que juzgamos precisa para beber.
—Me doy cuenta —contestó—. Pero al menos es posible, y también se debe, suplicar a los dioses que resulte feliz mi emigración de aquí a allá. Esto es lo que suplico: ¡que así sea!
Y después de decir estas palabras, lo bebió, conteniendo la respiración, sin repugnancia y sin dificultad.
Hasta este momento la mayor parte de nosotros fue bastante capaz de contener el llanto; pero cuando le vimos beber y cómo lo había bebido, ya no pudimos contenernos. A mí también, y contra mi voluntad, caíanme las lágrimas a raudales, de tal manera que, cubriéndome el rostro, lloré por mí mismo, pues ciertamente no era por aquél por quien lloraba, sino por mi propia desventura, al haber sido privado de tal amigo. Critón, como aun antes que yo no había sido capaz de contener las lágrimas, se había levantado. Y Apolodoro, que ya con anterioridad no había cesado un momento de llorar, rompió a gemir entonces, entre lágrimas y demostraciones de indignación, de tal forma que no hubo nadie de los presentes, con excepción del propio Sócrates, a quien no conmoviera.
Pero entonces nos dijo:
—¿Qué hacéis, hombres extraños? Si mandé afuera a las mujeres fue por esto en especial, para que no importunasen de ese modo, pues tengo oído que se debe morir entre palabras de buen augurio. Ea, pues, estad tranquilos y mostraos fuertes.
Y, al oírle nosotros, sentimos vergüenza y contuvimos el llanto. Él, por su parte, después de haberse paseado, cuando dijo que se le ponían pesadas las piernas, se acostó boca arriba, pues así se lo había aconsejado el hombre. Al mismo tiempo, el que le había dado el veneno le cogió los pies y las piernas y se los observaba a intervalos. Luego, le apretó fuertemente el pie y le preguntó si lo sentía. Sócrates dijo que no. A continuación hizo lo mismo con las piernas y, yendo subiendo de este modo, nos mostró que se iba enfriando y quedándose rígido. Y siguiole tocando y nos dijo que cuando le llegara al corazón se moriría.
Tenía ya casi fría la región del vientre cuando, descubriendo su rostro —pues se lo había cubierto—, dijo éstas, que fueron sus últimas palabras:
—Oh, Critón, debemos un gallo a Asclepio. Pagad la deuda y no la paséis por alto.
—Descuida, que así se hará —le respondió Critón—. Mira si tienes que decir algo más.
A esta pregunta de Critón ya no contestó, sino que, al cabo de un rato, tuvo un estremecimiento y el hombre le descubrió: tenía la mirada inmóvil. Al verlo, Critón le cerró la boca y los ojos.
Así fue el fin de nuestro amigo, de un varón que, como podríamos afirmar, fue el mejor, a más de ser el más sensato y justo de los hombres de su tiempo que tratamos.
Platón: Fedón


La muerte de Sócrates por Giambettino Cignaroli (Italia, 1718–1770):

La muerte de Sócrates - Antonio Canova (Italia, 1757-1822)


Cárcel de Sócrates (Colina de Filópapos, Atenas)






Fuentes:
Enciclopedias y otros.

jueves, 3 de marzo de 2011

Victoria de Inglaterra, esposa antes que madre.

Victoria 1819-1901



La reina Victoria de Inglaterra estuvo muy enamorada de su esposo y primo, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, al que conoció a la edad de 16 años.  Se casaron cuando ella contaba con 21 años, al parecer el, no estaba muy enamorado de ella, pero tuvo que aceptar el matrimonio y con el paso de los años, demostró ser enormemente feliz.


De su unión nacieron nueve hijos que ocuparon un lugar muy secundario en el corazón de la reina, tanto que, una vez viuda, escribió a un miembro de la rama germana de los Hannover «No hallo ninguna compensación en la compañía de mis hijos. Es más, pocas veces me encuentro a gusto con ellos. Me pregunto porque ha tenido que dejarme Alberto y ellos continúan a mi lado ...»


Alexandrina Victoria como así la bautizaron, nació el 24 de mayo de 1819 en el palacio de Kensington, Londres, única hija, del  príncipe Eduardo, duque de Kent y Strathearn y cuarto hijo varón del rey Jorge III y de Victoria de Sajonia-Coburgo-Saalfeld. 

El duque de Kent, vivía exiliado en Bruselas, retirado del ejercito desde 1803, hundido en un centenar de deudas pero recibiendo una renta del Parlamento Británico, cuando conoció a  la princesa Leiningen de 31 años, viuda del príncipe Emilio Carlos de Leiningen, con el que había tenido dos hijos, Carlos y Feodora, de 12 y 9 años. La pareja ducal contrajo matrimonio, en el palacio de Kew, el 11 de julio de 1818. 


Jorge III
En 1820, cuando Victoria contaba tan solo 8 meses de edad, su padre, el duque de Kent,  fallece de una fulminante neumonía, y seis días después, el 29 de Enero en el castillo de Windsor, donde estaba confinado desde 1811 por permanentes enfermedades mentales, muere su abuelo, el rey Jorge III,  ciego y loco. Hay que recordar que Jorge III se caracterizó por sus conflictos militares. A comienzos de su reinado, derrotó a Francia en la guerra de los siete años, pero por lo que siempre se le recordaría en Gran Bretaña fue por la perdida de sus colonias americanas, convirtiéndose éstas, en los Estados Unidos. 

Desde 1811, después de la recaída final de Jorge III, su  primogénito Jorge, príncipe de Gales, y tío de Victoria, gobernaría como regente hasta su muerte, sucediéndole en el trono, con el nombre de Jorge IV. Éste pasaría a ser recordado como príncipe y monarca extravagante.


Victoria  era entonces la tercera en la línea sucesora, teniendo muchas probabilidades de ascender al trono, debido a que sus otros dos tíos, el duque de York no tenía descendencia, y llevaba 30 años separado de su esposa, y el duque de Clarence, tampoco tenía descendencia. Pero fue ese mismo año cuando la duquesa de Clarence dió a luz una niña Isabel Georgiana, que moriría 3 meses más tarde, víctima de convulsiones, al año siguiente en 1822 la duquesa volvió a dar a luz, a un par de gemelos que nacerían muertos y la dificultad del parto la dejaría incapacitada para volver a concebir.

A la edad de 3 años, Victoria estaba nuevamente en la primera fila de sucesión. El vacío paternal fue suplido por el enérgico temperamento de la madre, nieta de Jorge III y del duque de Sajonia-Coburgo-Saafeld Duque reinante del pequeño estado Alemán. 



 La pequeña Princesa Inglesa hablaba únicamente alemán, idioma materno de su madre e institutriz. Cuando se hizo evidente que algún día  podría ocupar el trono, se ven en la imperiosa necesidad de enseñarle el Inglés lo antes posible. Su educador fue el Reverendo Jorge Davys.


La vigilancia sobre la pequeña era tan dictatorial que cuando llegó a la adolescencia, todavía no había podido dar un paso en el palacio sin la compañía de su institutriz, educadores, o de su misma progenitora,  más tarde demostraría su rebeldía, si no se ganaban primero, su respeto o cariño.

Victoria con 4 años pintura de Stephen Poyntz Denning
El duque de York fallece cuando Victoria tiene siete años, ahora quedaría en el segundo lugar de la línea sucesoria.

Cuando se informó a la princesa a este respecto, mostrándole un árbol genealógico de los soberanos ingleses que terminaba con su propio nombre, Victoria permaneció callada un buen rato y después exclamó: "Seré una buena reina". Apenas contaba diez años y ya mostraba una presencia de ánimo y una resolución que serían cualidades destacables a lo largo de toda su vida.

Reina Victoria 1843 retrato franz Xavier Winterhalter
El 26 de junio de 1830, muere el rey Jorge IV, sucediéndole el duque de Clarence como rey Guillermo IV,  sin descendencia legitima, Victoria entonces, se convirtió con 11 años, en la futura heredera del trono. Para ello se promulgó la Ley de Regencia, la cual estipulaba que la duquesa de Kent, madre de Victoria, sería Regente del reino durante la minoría de edad de la futura reina, con ésta ley, ignoraban el precedente de Jorge IV y el Parlamento no creó ningún Concilio para limitar los poderes de la eventual Regente.

Reina Victoria, Lord Conyngham y Arzobispo de Canterbury

A la muerte de Guillermo IV, el 20 de junio de 1837,  el arzobispo de Canterbury se arrodillaba ante la joven Victoria para comunicarle oficialmente que ya era reina de Inglaterra. 
Ese mismo día, Victoria escribió en su diario: "Ya que la Providencia ha querido colocarme en este puesto, haré todo lo posible para cumplir mi obligación con mi país. Soy muy joven y quizás en muchas cosas me falte experiencia, aunque no en todas; pero estoy segura de que no hay demasiadas personas con la buena voluntad y el firme deseo de hacer las cosas bien que yo tengo".

La solemne ceremonia de su coronación tuvo lugar en la abadía de Westminster el 28 de junio de 1838.


Ella tenía 18 años, por lo tanto, no fue necesaria una regencia. Como la Ley Sálica imperaba en Hannover, este trono pasó a su tío menor, el duque de Cumberland, terminando así la unión entre el Reino Unido y Hannover que existía desde 1714, de ésta manera,  mientras la joven reina no tuviera hijos, el duque de Cumberland  sería su heredero. Las relaciones con otras naciones, no la iban a ser dificiles pues desde que nació, estaba emparentada con las casas reales de Alemanía, Dinamarca, Noruega, Suecia y Rumanía.




Las tensiones con su madre, se hicieron más perceptibles a partir  de su ascenso al trono, lo cual sorprendería a los miembros del consejo preguntándoles si, como reina podía hacer lo que le viniera en gana, ellos, se lo afirmaron positivamente. Cuentan que, con un delicioso ademán juvenil,  ordenó a su madre que la dejase sola una hora, y se encerró en su habitación. Cuando regresó volvió a dar otra orden, está fue que desalojasen inmediatamente de su alcoba el lecho de la absorbente baronesa Lehzen, pues en adelante no compartiría su alcoba. Su autoritaria madre, nada pudo hacer, su hija, impondría el suyo de tal manera que Victoria marcaría su inconfundible carácter a toda una época denominada, Victoriana. 



Por aquel entonces, el gobierno lo dominaban los Whig, el Primer Ministro, vizconde de Melbourne, Lord Melbourne, ejerció desde el comienzo una importante influencia sobre la inexperta soberana, éste era un hombre rico, brillante y dotado de una inteligencia superior, temperamento sensible y afable, unas cualidades que encantaron a la nueva e inexperta soberana, acudiendo a él constantemente para solicitar ayuda y consejos, se rodearía de damas que compartían las ideas liberales expresando su deseo de no ver jamas a los "torys" (conservadores), los adversarios políticos de los Shig, pasaron a ser sus enemigos. De esa manera, dependía completamente del extraordinario caballero, confiando de poder dejar los asuntos de gobierno en sus manos, tanto fue así que en los primeros meses de su reinado, algunas malas lenguas se referían a la reina como  "la Sra. Melbourne".
Pero debido a los acontecimientos en las colonias británicas, rebeliones en Canadá y Jamaica, las autoridades locales protestaban contra las medidas inglesas que no reconocían  como leyes dictadas por el parlamento, Melbourne se vio en la obligado a  dimitir,  por su incapacidad  para controlar todos los contratiempos que surgieron. 

 
Victoria no lo permitió, realizó una serie de negociaciones y pactos, sacando a relucir su genio y tozudez  de tal manera que, Lord Melbourne regresó al lado de la reina y con él, la felicidad, pero pronto sería desplazado por una nueva influencia.



En 1839, el mercado de opio por parte de Inglaterra y Estados Unidos, se convirtió en un gran conflicto, pues generó  una epidemia de adictos en China, la guerra del opio, Lin Hse Tsu, emperador de China, viendo la epidemia que se había creado de adictos, envió una carta a la reina Victoria pidiéndole que no traficara más opio. La reina Victoria entonces, respondió enviándole a la Armada Británica. Muchas fortunas se basaron en éste narcotráfico.


La unión prevista  desde hacía mucho tiempo, determinada por los intereses de Inglaterra, entre Victoria y su primo, el alemán Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, se hizo realidad el 10 de febrero de 1840, en la Capilla Real del palacio de St. James, Londres. 
Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha
El era uno de los pocos hombre jóvenes que Victoria había tratado en su vida y el primero con el que se le permitió conversar a solas. Cuando se convirtió en su esposo, ni la predeterminación ni el miedo al cambio que suponía la boda impidieron que naciese en ella un sentimiento de auténtica veneración hacia aquel hombre no sólo apuesto, exquisito y atento, sino también dotado de una fina inteligencia política.
Cuatro días antes de la ceremonia, la reina le otorgó a su futuro esposo, el tratamiento de Su Alteza Real, por lo que Alberto sería conocido como el "Príncipe Consorte", aunque formalmente el título lo obtuvo en 1857.
La reina Victoria y el príncipe en el castillo de Windsor

De éste enlace feliz, plácido y hogareño,  se ha sabido que Alberto fue un marido ejemplar y nunca llegó a faltar a sus votos nupciales. Para Victoria un marido perfecto y compañero ideal, por el que sustituyó a Lord Melbourne en el papel de consejero, protector y delegado, en el ámbito de la política, ejerciendo su misión con tanto acierto que la soberana, aún inexperta y necesitada de ese apoyo, no experimento pánico alguno  cuando remplazaron a Melbourne al frente del gabinete. 
Durante su matrimonio, nacieron 9 hijos: cuatro varones y 5 mujeres.
  • La princesa Victoria, princesa real (n. palacio de Buckingham, 21-11-1840 - m. Friedrichshof, Alemania, 5-8-1901), creada Princesa Real (Princess Royal); casada en 1858 con Federico III, emperador de Alemania y rey de Prusia.
  • Rey Eduardo VII (n. palacio de Buckingham, 9-11-1841 - m. palacio de Buckingham, 6-5-1910), sucesor de su madre.
  • La princesa Alicia (n. palacio de Buckingham, 25-4-1843 - m. Neues Palais, Darmstadt, 14-12-1878), casada en 1862 con Luis IV, Gran Duque de Hesse y del Rin. Su hija, Alejandra, se casaría con su primo el Zar Nicolás II
  • El príncipe Alfredo, duque de Sajonia-Coburgo-Gotha y de Edimburgo (n. castillo de Windsor, 6-8-1844 - m. Schloss Rosenau, Coburgo, 30-7-1900), duque de Sajonia-Coburgo-Gotha al suceder a su tío paterno (22-8-1893). Casado en 1874 con María Alexandrovna, hermana del Zar Alejandro III. Su hija María se casaría con Fernando I de Rumanía.
  • La princesa Helena (n. palacio de Buckingham, 25-5-1846 - m. Schomberg House, Londres, 9-6-1923), casada en 1866 con el príncipe Christian de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Augustenburg.
  • La princesa Luisa (n. palacio de Buckingham, 18-3-1848 - m. palacio de Kensington, 3-12-1939), casada en 1871 con John Campbell, 9º duque de Argyll.
  • El príncipe Arturo, duque de Connaught y de Strathearn (n. palacio de Buckingham, 1-5-1850 - m. Bagshot Park, Surrey, 16-1-1942), creado duque de Connaught, de Strathearn y conde de Sussex (1874). Casado en 1879 con Luisa Margarita de Prusia.
  • El príncipe Leopoldo, duque de Albany (n. palacio de Buckingham, 7-4-1853 - m. Cannes, Francia, 28-3-1884), creado duque de Albany, conde de Clarence y barón Arklow (1881). Casado en 1882 con Elena de Waldeck-Pyrmont.
  • La princesa Beatriz (n. palacio de Buckingham, 14-4-1857 - m. Brantridge Park, Balcombe, Sussex, 26-10-1944), casada en 1885 con el príncipe Enrique de Battenberg y madre de la futura reina Victoria Eugenia de España.
 

Con todas las uniones conyugales en Europa, de hijos y nietos con otros monarcas, a Victoria se le daría el título popular de  "la Abuela de Europa". Sin embargo, al ser portadora de hemofilia, transmitió el gen defectuoso a todos sus descendientes (por estar ligada al cromosoma X). El portador más conocido de dicha enfermedad fue el zarevich Alexis.

El prestigio de la corona fue restaurado, gracias a la habilidad política del príncipe Alberto, quién sin duda había pasado a ser el verdadero rey en la sombra.

En 1861 Victoria atravesó el más trágico período de su vida, su madre, la duquesa de Kent fallecía y el 14 de diciembre su amado esposo, compañero, amigo, consejero,  y el hombre que había sido su guía y soportado con ella el peso de la corona. 

Tal y como ella había animado a su marido para trabajar sin descanso al servicio del país, la  soberana reaccionó con entereza asombrosa, desde ese instante hasta su muerte, Victoria nunca dejó de dar muestras de su férrea voluntad y de su enorme capacidad para dirigir con aparente facilidad los destinos de Inglaterra.

Su figura redonda, fue cubierta por un luto que no desapareció durante el resto de su vida, de tal manera que ganó el apodo de "Viuda de Windsor".



La reina Victoria con sus nietas Victoria Alberta, Ella y Alicky, tras la muerte de la princesa Alice.
Con el paso de los años, Victoria comenzó a confiar en un criado escocés, llamado John Brown, al que alegan que hubo una relación romántica e incluso un matrimonio secreto. Un diario recientemente descubierto registra una supuesta confesión en su lecho de muerte del capellán privado de la reina, quien habría admitido a un político que él había presidido un matrimonio clandestino entre Victoria y John Brown. No todos los historiadores confían el autenticidad del diario. Sin embargo, cuando el cadáver de Victoria fue colocado en el ataúd, le acompañaban dos recordatorios conforme a su deseo. Al lado derecho, uno de los vestidos de gala de Alberto, mientras que en su mano izquierda se fijó un pedazo del cabello de Brown, junto con un retrato de él. Los rumores de un romance y una unión secreta le ganaron a victoria el apodo de "Señora Brown"



Durante las últimas tres décadas de su reinado, Victoria llegó a ser un mito viviente y la referencia obligada de toda actividad política en la escena mundial. Su imagen pequeña y robusta, dotada a pesar de todo de una majestad extraordinaria, fue objeto de reverencia dentro y fuera de Gran Bretaña. Su apabullante sentido común, la tranquila seguridad con que acompañaba todas sus decisiones y su íntima identificación con los deseos y preocupaciones de la clase media consiguieron que la sombra protectora de la llamada Viuda de Windsor se proyectase sobre toda una época e impregnase de victorianismo la segunda mitad del siglo.
Su vida se extinguió lentamente, con la misma cadencia reposada con que transcurrieron los años de su viudez. Cuando se hizo pública su muerte, acaecida el 22 de enero de 1901, pareció como si estuviera a punto de producirse un espantoso cataclismo de la naturaleza. La inmensa mayoría de sus súbditos no recordaba un día en que Victoria no hubiese sido su reina.

Reina Victoria 1897


El 28 de Marzo, de 2010, se publicaba en Días de Historia, "El amor oculta de la reina Victoria y su sirviente indio:


Publicaron cartas de la relación secreta de la monarca británica con el hindú Munshi Abdul Karim.

El periódico inglés Daily Telegraph, que da cuenta del archivo, indica que el rápido ascenso de Karim dentro del Palacio de Buckingham despertó la sospechas de muchos cortesanos y miembros de la Familia Real, acerca del romance de ambos.
El militar indio arribó a Londres en 1887 a la edad de 24 años y en poco tiempo se volvió la mano derecha de la monarca británica, llamado como el "John Brown indio", en alusión a otro de los protegidos de Victoria.
El Telegraph informó que por décadas se trató de ocultar la relación que mantenía la reina con su sirviente indio y agregó que los rumores fueron tan fuertes, que el primogénito de la soberana, el rey Eduardo VII, obligó a Karim a quemar todas las cartas secretas que le había enviad a la reina.
En una serie de escritos autobiográficos del sirviente indio, éste dijo sentir un amor "maternal" con Victoria, a quien llamaba "Reina Emperadora" o "Gran Emperadora".
"Mientras escribo mi vida no puedo dejar de pensar en los muchos honores que me dio Su Majestad. Rezo al Todopoderoso para que siempre bendiga a nuestra Reina Emperadora", agregó Karim. Su impacto en la Casa Real británica fue inmediato.
El sirviente indio introdujo el curry al menú real y comenzó a enseñarle urdu a la reina Victoria.
Un año después de su llegada Victoria estaba tan "encandilada" con su sirviente, que lo nombró "Munshi y Paje Indio a la Reina Emperatriz por un salario de 12 libras al mes".
El sirviente comenzó a acompañar a Victoria en sus giras por Europa, donde fue presentado a primeros ministros, reyes y miembros de la nobleza. Poco después Karim contaba con sus propios sirvientes y para 1893 utilizaba el carruaje privado de la monarca, dijo el diario. 


Sea como fuere, he aquí la historia de una reina Inglesa cuyo reinado duró 64 años, representando el reinado más largo de la historia de Inglaterra.




Fuentes:
Wikipedia
Laragrand
Foros realeza
Biografías y vidas
Opusvida
Dias de Historia

miércoles, 23 de febrero de 2011

La condesa de Castiglione - "La mujer más bella del Mundo"

Retrato de George Frederic Watts 1857



Virginia Oldoni, nació en Florencia el 22 de Marzo de 1837. Condesa de Castiglione por su matrimonio con Francesco Verasis, "conte di Castiglione", a la edad de 17 años, doce menos que el. Tuvieron un hijo llamado Giorgio.



La condesa de Castiglione fue considerada la mujer mas bella del Mundo. Una de las más célebres amantes de Napoleón III. Era conocida por su belleza y sus entradas extravagante en el vestir elaboradas en la corte imperial. Uno de sus trajes más infame fue "Una reina de corazones" donde portaba un medallón en forma de corazón, que colgaba en una sugestiva zona de su anatomía.


Con su piel pálida, rostro delicado y ovalado,  pelo largo y ondulado, ojos que cambiaban constantemente de color de verde a un extraordinario color azul-violeta, atraía y seducía a los hombres más importantes e influyentes de Estado. 





Llegó a París con 19 años, pues su primo Cavour, primer ministro del rey Víctor Manuel II de Cerdeña y Piamonte, la  empuja  a conquistar a Luis Napoleón III, con el propósito de conseguir el apoyo del soberano francés a la causa piamontesa. 

Carlos Luis Napoleon Bonaparte - Napoleón III

Virginia consiguió llegar a su lecho y se ganó el apodo de “La mujer del sexo de oro imperial”. 



El escandalo llevó a su marido a pedir la separación matrimonial. 


Se desconoce, si la re-unificación e independencia de Italia se le debe a ella, en parte, se piensa que sí, puesto que aportaría gran influencia, durante los dos años que duró su romance.

 
Extremadamente bella, solo el marqués de Gallifet, un bon vivant  apuesto e ingenioso, se atrevió a poner en duda esta afirmación. 



Para demostrarle su error, la condesa le invitó a visitarla en su mansión. Al llegar, una camarera condujo al visitante hasta la habitación de Virginia, ésta le esperaba, totalmente desnuda, sobre una chaise longe forrada de raso negro y en una habitación con poca luz, en la que resaltaban aún más sus ojos verdes, su abundante cabellera y su piel nacarada. Desde entonces, el marqués de Gallifet no pudo escatimar elogios a la hora de proclamar la belleza de la Castiglione. 



Esa belleza divina como denominaban otros, la llevó a sentarse en el estudio de la Corte Imperial, con los fotográfos Mayer & Pierson. Existen y se conservan, más de 400 fotografías vestida de diferentes personajes teatrales, exhibiendo sus dotes seductores, algunas de ellas, subidas de tono, para la epoca, como las imagenes en las que la cabeza se recortaba de las mismas y mostraba sus pies y piernas desnudas.

En 1856 Adolphe Braun publicó un libro que contiene 288 fotografías de Virginia Oldoni.


Los últimos años de Virginia, los paso sola en un apartamento de la Place Vendôme de París, con habitaciones decoradas en negro fúnebre, manteniendo las persianas bajadas y sin ningún tipo de espejo, allí moriría una noche de 1899,  a la edad de 62 años. 


Inmediatamente después de su muerte, la policía y los servicios secretos, revolvieron toda la casa y quemaron todas las cartas y documentos enviados a las más altas personalidades de la época, se dice que entre sus papeles, incluían personalidades de la realeza, políticos, banqueros e incluso Papas.


Fue enterrada según ordenaría el entonces rey de Italia Humberto I, en el cementerio monumental Père Lachaise, de París.

 
El poeta y arístocrata, Robert de Montesquiou, perteneciente al movimiento simbolista francés y ávido coleccionista de arte, estaba fascinado por la Condesa de Castiglione, escribió "La Divina condesa", biografía que tardaría 13 años en terminar, fue publicada en 1913, también reunió la mayoría de sus fotografías, de las cuales 275 fueron adquiridas por el Museo Metropolitano de Arte en 1975.




La Divina condesa: Fotografías de la Condesa de Castiglione  por Pierre Apraxine es un catálogo para una exposición de 2000 de la Condesa de Castiglione fotos que se encuentran en el Museo Metropolitano de Arte.
Museo Metropolitano de Arte, Manhattan, Nueva York, 5th Avenue, 82nd Street
La vida de la condesa fue representado en una película francesa de 1955, La Contessa di Castiglione, protagonizada por Yvonne de Carlo.





Fuentes:
Wikipedia 
Headlinefashion
National master
Debrafinerman
Por amor al arte
Portal noticias