miércoles, 19 de enero de 2011

La devoción de Enrique IV


La muerte sin descendencia de Enrique III de Francia hizo recaer la corona en el rey de Navarra, descendiente directo de san Luis. El problema era su condición de protestante, pues el trono francés debía estar ocupado necesariamente por un católico. De modo que, para alcanzarlo, el pretendiente navarro hubo de recurrir a las armas y a la diplomacia. El momento de valerse de esta última llegó cuando se encontró a las puertas de París. La resistencia de la capital era tal que incluso La Sorbona, con la aquiescencia del Vaticano, decretó que aquel que aceptara de buen grado al nuevo rey sería declarado hereje.



El coraje de París
A instancias del duque de Mayenne, el futuro Enrique IV declaró solemnemente «París bien vale una misa»

Pocos días después, el nuevo monarca abjuraba de su fe y se convertía al catolicismo en la iglesia parisina de Saint-Denis donde, poco después, fue coronado como rey de Francia.


Muntaz Mahal


En Agra, al norte de la India, se encuentra el Taj Mahal, erigido entre 1630 y 1652 y considerado una de las mejores muestras de arquitectura musulmana de la época moghul. Entre sus muros se esconde una legendaria historia de amor: La del emperador moghul Shah Yahan y su esposa preferida Muntaz Mahal por su gran belleza, candor y bondad. Esta murió al dar a luz a su decimocuarto hijo (siete de ellos, murieron en la niñez) y en su honor, decretó luto nacional durante dos años.

La muerte de su esposa originó tal dolor al soberano que abandonó la vida de lujos que llevaba y se dedicó a la construcción de la tumba de su amada Muntaz.

Durante 22 años, veinte mil personas trabajaron en la obra; los materiales fueron transportados desde Makrana, a 300 kilómetros de distancia, en caravanas de más de mil elefantes, y cantidades ingentes de piedras preciosas emplearon en la decoración del monumento. Pero pagó caro su empeño. Acusado de sumir al imperio en la ruina, fue derrocado por Aurangzeb, su hijo y heredero.




martes, 18 de enero de 2011

Louis Lumière



El 28 de diciembre de 1895 se llevó a cabo en París la primera proyección pública del recién inventado cinematógrafo.

El programa comprendía la proyección de doce películas cortas y se iniciaba con la célebre Salida de los obreros de la fábrica Lumière.  Preguntados sus inventores, los hermanos Lumière, por la utilidad del nuevo hallazgo, Louis contestó: «Será útil a efectos de entretenimiento doméstico o fines militares, pero de cara al gran público es un invento sin demasiado futuro» Un hombre con capacidad de previsión.